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Vino bianco vs vino rosso

Al momento de seleccionar un vino, las variantes son infinitas. Por denominación de origen, por variedades, por tipo de elaboración… Sin duda, no te los acabas. Sin embargo, la costumbre más habitual y más fácil es seguramente elegir entre un vino blanco o tinto. Más de una vez te habrán preguntado si eres más de blancos o de tintos. Lo cierto es que esta clasificación generalizada ha creado dos bandos muy marcados entre los amantes del vino. Mientras unos defienden a ultranza las propiedades del vino tinto, muchos otros se decantan a muerte por el vino blanco. Si todavía no tienes claro cuál es tu color, no te preocupes, aquí te explicamos las principales diferencias y características de cada uno de ellos. El combate está servido...


¿Cómo se elaboran?

Para empezar, la diferencia más evidente entre un vino blanco y un vino tinto es el color. Los responsables de la tonalidad definitiva de un vino son los taninos. Unos compuestos de origen vegetal que se encuentran por un lado en la pulpa y sobre todo en la piel, semillas y raspón de las uvas. Mientras la pulpa es incolora, la piel no. Un vino blanco prescinde de esta parte de la uva, sin embargo, en los vinos tintos es un elemento esencial. Cuanto más contacto del mosto haya con la piel, más color conseguirá el vino. Algo que se potencia todavía más con la temperatura a la hora de fermentar. En los vinos blancos no superan los 17-19ºC y, en cambio, en los vinos tintos puede oscilar entre los 24-30ºC.

Aparte de la obvia diferencia de color, la presencia de los taninos en los vinos tintos proporciona mayor estructura que en los vinos blancos, y menor acidez. Si estos están verdes, el vino ofrecerá una textura áspera y amargor, pero si están maduros agregarán textura, estructura y longevidad. Por su parte, los vinos blancos normalmente se caracterizan por aportar más acidez y sabores frutales. Aunque también podemos encontrarnos vinos blancos con crianza que proporcionan complejidad y mayor cuerpo.

¿Cuál es más saludable?

A la hora de comparar cual de los dos tipos de vino es más sano, los taninos siguen teniendo el protagonismo. Lo cierto es que este componente tiene potentes propiedades antioxidantes que sirven para prevenir o retrasar el daño a las células causado por unas sustancias tóxicas llamadas radicales libres y que son las responsables del envejecimiento y de la aparición de enfermedades degenerativas. Por lo que según estudios, el vino tinto tiene ventaja sobre el blanco, y mayor cantidad de algunas vitaminas y minerales que ayudan al buen funcionamiento cardiovascular.

Sin embargo, al hablar de los valores nutricionales, el vino blanco no tiene nada que envidiar al tinto. Y es que este tipo de vino presenta muchos puntos a favor. Por un lado, normalmente son más bajos en contenido alcohólico con respecto a los tintos, y desde un punto de vista nutricional los vinos blancos son más ligeros y tienen menos calorías. Mientras una copa de vino tinto tiene 74 calorías, una del mismo tamaño de blanco tiene 70 calorías.

¿Cómo se sirven?

Una vez elegido el vino, siempre hay un protocolo a seguir para el servicio. Tanto la temperatura como la copa serán responsables de potenciar las propiedades organolépticas del vino.

Como punto de partida un vino tinto, a la hora de temperarlo, debe estar entre 16 a 18 ºC. Sin embargo hay que tener en cuenta su crianza. Los jóvenes pueden presentarse más fríos, entre los 12 y 15 ºC, y los más añejos pueden llegar a los 20 ºC. Por su parte los vinos blancos se suelen tomar a una temperatura que oscila entre los 7-10 ºC. Aquí igualmente si el vino tiene crianza es preferible servirlo a una temperatura de entre 10-12ºC.

En cuanto a la copa, como los vinos tintos normalmente tienen sabores más complejos, con más cuerpo y con taninos fuertes, para su servicio las que se suelen utilizar son grandes y con un cuerpo de copa amplio y profundo. Un perfil de copa con amplia abertura beneficia la capacidad de respirar del vino. En cambio, la copa de vino blanco suele parecerse más a la silueta de un tulipán. Un perfil más pequeño y corto que tiene como objetivo preservar los aromas florales y afrutados y que además, como habitualmente estos vinos se sirven fríos, ofrece un tallo alto para evitar que las manos calienten la copa.

¿Cómo se maridan?

En su forma de acompañar estos vinos lamentablemente hay un buen número de mitos falsos. El típico comentario de “tinto para carnes y blanco para pescados” para nada es cierto. Hay muy buenos maridajes tanto con vinos tintos y pescados como con vinos blancos y carnes. Todo depende del contenido en grasa del plato y su intensidad de sabor y, al mismo tiempo, del grado de acidez del vino. El objetivo es no solapar las propiedades organolépticas ni del plato ni del vino, sino que convivan en equilibrada armonía.

Igualmente, siempre que pensamos en vinos tintos, pensamos en los platos principales. Pero ¿te has atrevido alguna vez a maridarlos con un postre? Combinados con chocolate o frutos rojos del bosque no tienen desperdicio.

¿Cuál es el más consumido?

El vino tinto sigue siendo el más consumido. Sin embargo, aunque durante mucho tiempo el vino blanco ha sido relegado como el hermano menor del vino tinto, lo cierto es que cada día son más los consumidores que se interesan por este tipo de vino. Las grandes aportaciones enológicas como nuevas variedades, nuevos procesos de elaboración y posibles crianzas han conseguido que este adquiera un protagonismo imparable y que, el absurdo mito de que el vino blanco es para las mujeres, ha pasado a ser eso; una absurdidad.


Visto lo visto, nuestro consejo es que no te cases con ninguno o, mejor dicho, que te cases con todos porque, aparte de que a cada vino le corresponde su momento, entre el blanco y el tinto hay todo un mundo por descubrir. En Decántalo te lo ponemos a tu alcance ¡en un solo clic!